En cuanto a la inteligencia del niño, existen varias teorías.
Las teorías innatistas, las cuales nos dicen que el niño desde su nacimiento
tiene todo el equipamiento necesario, es decir, nacen con los conocimientos que
irán desarrollando a lo largo de su vida.
Por otro lado, tenemos el enfoque de Piaget, el cual nos dice
que la inteligencia es el fruto de una adaptación entre el individuo y su
medio. Esta adaptación llega a un equilibrio por medio de una serie de
operaciones mentales. Según este, para aprender, el niño ha de enfrentarse a
situaciones ligeramente diferentes de las ya conocidas, pero algo parecidas, ya
que si son totalmente distintas no va a poder producirse dicho aprendizaje.
Howard Gardner fue el autor de la Teoría de las Inteligencias
Múltiples. Gardner estaba de acuerdo con la teoría dicha anteriormente, la
teoría de Piaget y sus cuatro etapas del desarrollo cognitivo, pero quería
elaborar su propia teoría que explicase la creatividad y la gama de roles de la
sociedad, por ello elabora la Teoría de las Inteligencias Múltiples, la cual
reconoce que cada persona es diferente y tiene varias capacidades de pensar y
diversas maneras de aprender.
Esta teoría afirma que existen ocho tipos de inteligencias:
la lingüística, la musical, la lógica-matemática, la espacial, la
corporal-kinestésica, la intrapersonal, la interpersonal, y la naturalista.
Además, es posible que haya una inteligencia existencial. Gardner asegura que
todo individuo tiene cada una de estas inteligencias, aunque una persona puede
ser más hábil en una inteligencia que otras. Además, destaca la importancia de
la herencia y las experiencias para el desarrollo de estas.
En resumen, para que un niño pueda aprender y desarrollar
cada una de estas inteligencias debe estar motivado en su aprendizaje y tener
experiencias que faciliten este desarrollo.
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